Economía desde el Borde

Economía desde el borde: ensayos económicos incompletos.

¿Es posible hablar de economía sin atender a su dimensión política?

No soy economista de profesión. Me formé en ingeniería y finanzas, y durante años facilité cursos donde la economía no se enseñaba como una doctrina, sino como una puerta de entrada al pensamiento crítico. No desde una escuela determinada, sino desde la necesidad de comprender —y hacer comprensibles— las estructuras que, de tantas formas, organizan nuestras vidas.

He podido observar cuán difícil nos resulta hablar de economía sin caer en la queja, o sin refugiarnos en dogmas heredados. Tendemos a pensarla como un conjunto de ecuaciones, estadísticas y equilibrios que nos afectan, nos exceden y se nos imponen. Nos sentimos ajenos a sus encumbradas discusiones, pero habitamos a diario sus consecuencias.

Hay una historia breve que me gustaría compartir. Una alumna de uno de mis primeros cursos —una mujer cercana a los sesenta años, cuya sola presencia era un ejemplo para todos— compartía aula con jóvenes recién egresados o en sus primeros años laborales. Meses después de finalizada la asignatura, la encontré en un pasillo de la universidad con un libro de economía bajo el brazo. Al preguntarle por su lectura, me dijo:

“Descubrí en el ramo lo importante que es la economía para nuestras vidas, y siento la necesidad de seguir aprendiendo sobre ella.”

Me emocionaron profundamente sus palabras. Este proyecto nace desde esa gratitud, y de mi anhelo de continuar expandiendo esa experiencia hacia nuevas audiencias.

Nace del deseo de conversar sobre eso que solemos dar por sentado: el dinero, el trabajo, el rol del Estado, la propiedad, los impuestos, los subsidios. No como expertos, sino como personas implicadas. Como individuos, sí, pero también como sociedad en construcción.

Quiero recorrer con ustedes este viaje sin apego a ideologías ni a sus lugares comunes. Desde el margen, desde lo que no aparece en los gráficos. Escribo como alguien que ha pensado la economía en el aula, la ha sufrido en decisiones personales, la ha observado en lo público y la ha cuestionado como narrativa.

Si alguna vez estuviste en una de mis clases, o quisiste estar, este espacio es una forma de seguir conversando.

Escribo desde ahí: desde la conversación, desde la duda, y desde la convicción de que pensar la economía puede ser un gesto profundamente humano. Incluso —y especialmente— cuando no se es experto. No escribo para tener razón, sino para abrir preguntas honestas, informadas y sentidas sobre los hilos que atraviesan nuestras vidas y que tantas veces llamamos “lo económico”.

No pretendo resolver la economía ni ninguno de sus dilemas. Quiero, más bien, habitar sus contradicciones con asombro y curiosidad.

¿Qué ocurriría si miráramos la economía con curiosidad desapasionada, tomando —aunque sea momentáneamente— distancia de nuestros prejuicios e ideas políticas preconcebidas? No para evitar el conflicto, sino para ampliar el campo de lo visible. No para neutralizar la pregunta ética, sino para permitir que vuelva a nacer desde la experiencia.

Te invito a leer estas entradas como quien abre una ventana.

No necesitas formación previa. Solo tiempo —aunque sea breve— y disposición a dejarte tocar. Si algo en el texto resuena, llévalo contigo: a una conversación de sobremesa, a la mesa con alguien querido, o al silencio donde resuene con tu propia vida.

Este proyecto no espera que estés de acuerdo.

Solo que escuches un poco distinto después de haber leído.

Si nuevas preguntas quedan flotando, entonces el texto habrá cumplido su propósito.

En las próximas semanas y meses compartiré una serie de entradas breves. Cada una será una parada distinta en este viaje, llena de preguntas sin respuestas, datos que revelan más de lo que dicen, y certezas que comienzan a deshacerse. Con la esperanza de estimular nuestras discusiones y tender puentes entre ideas que aún creemos irreconciliables.

Te invito a acompañarme y ser parte de esta aventura.

Un pensamiento

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