Escribo estas palabras de bienvenida a este sitio una lluviosa mañana de junio, mientras el viento zarandea la copa de los árboles frente mi ventana. Esta será la entrada inaugural de este sitio que lleva por nombre Asimetrías, en honor al libro homónimo del español Salvador Pániker que marcó de manera hermosa y profunda mi vida, ayudándome a reconciliar aspectos hasta entonces inmiscibles de mi historia.
El propósito de este sitio es extender ese espacio de encuentro y sentido hacia nuevas personas llamadas a reducir las brechas aparentemente insalvables entre las que debemos oscilar cotidianamente. A nivel individual, las brechas que sostenemos entre nuestro mundo interior y exterior, entre lo laboral y familiar, entre lo concreto y lo espiritual, entre lo que queremos y lo que hacemos. A nivel colectivo, esas enormes distancias que día a día resaltamos entre unos y otros, acentuando nuestras diferencias políticas, religiosas, ideológicas en general.
¿Cómo conciliar todas estas fuerzas que nos fracturan? Lo primero que necesitamos saber es que no estamos solos. El esfuerzo de una nueva síntesis y un nuevo sentido unificador de nuestras vidas es un camino que hemos emprendido como humanidad en distintos planos durante este último siglo. Este sitio no aspira a ser más que un modesto reflejo de este enorme desafío: la abolición de los muros erigidos entre las disciplinas humanistas y científicas, el reencuentro entre literatura y ciencia, entre el observador y lo observado.
En tiempos de enorme incertidumbre Pániker nos invita a soltar, al menos por unos instantes, nuestra ansiedad por el futuro. Mientras la noción de crisis se instala por doquier allí donde situemos nuestra mirada, Pániker nos invita a devolver la mirada hacia nosotros mismos. ¿Cuál es mi propia crisis interna, cuáles son las fuerzas que me tensionan en distintas direcciones? ¿Y cuál es mi participación -como observador, como actor- en las crisis exteriores?
Nos invita a tomar la flecha de nuestra existencia, arrojada sin más hacia el futuro, para volcarla hacia el presente y reflejarnos también en el pasado. El pasado puede ser una fuente de conocimiento tan inagotable como el futuro. ¡Cuán limitada es la historia que hemos aprendido de nuestros antepasados!. En última instancia, hoy sabemos que ni el pasado ni el futuro realmente existen en el presente, más que como construcciones y reconstrucciones que hacemos de ellos en nuestra mente.
Pániker nos invita a hundir nuestras raíces de sentido tanto en el pasado, como en el futuro (y en nuestro escurridizo presente). Nos invita a progresar tomando en cuenta nuestro origen, a retro-progresar, tomar del futuro sin sacrificar excesivamente del pasado. En un mundo que parece sumirse en la escasez (de tiempo, de recursos, de afectos) la mera experiencia profunda de nuestro ser-en-el-presente puede reconectarnos con la abundancia. Todo lo que necesitamos ya está aquí con nosotros. No hay nada que esperar. El llamado es a construir juntos tanto hacia lo alto como en lo profundo.
